El Logos Femenino

Inanna permanece impertérrita a lo largo de la existencia, como auténtica fuente de inspiración para el aspecto femenino, en toda su voluntad de Ser y Existir.
En este blog compartiremos la sabiduría femenina, recuperaremos sus costumbres, ideas, sentimientos y abogaremos para que este pilar que conforma una mitad de un todo, sea indivisible por siempre jamás.
Bienvenid@s a LA TIENDA ROJA

MI ANCIANA MAGA


Mi Anciana Maga vive en las profundidades marinas, mecida por el oleaje salado y nocturno del mar, toda ella envuelta en una piel de gelatina gris.Por encima le asoman, salidas, sus orejillas diminutas; cara abajo, le pesa el hocico largo, húmedo, bigotudo. De un bostezo, es capaz de desencajar sus mandíbulas y descubrir una fosa de pliegues y más pliegues de carne rosa donde se clavan sus colmillos sin piedad. Sus pechos son pequeños, con los pezones lamidos de tanto amamantar; el vientre es hueco pero siempre hinchado, la cueva en la que gestó a su prole, ahora vacía para que retumben gritos y resuenen llantos de otras que por parir están. En su regazo acuna a niños tristes tarareándoles nanas de peces, lunas y mareas.

            Mi Anciana Maga ha contado y escrito todas las historias de ancestros y vidas pasadas. Ha contado la injusticia de sus niñas, madres, abuelas y hermanas. Mi Anciana Maga es una gran escritora y chamana. 
Siempre ha estado allí, en las aguas más negras de mi inconsciente, dormitando, aguardando el momento en que la careta de niñita-que-ya-no-toca se me agrietara por fin y pudiera enfrentarme a la visión de tanto hocico, paladar y maxilar gigante.

La fui a buscar sin yo saberlo en el sueño más extraño que tuve jamás. 

Me adentraba en una playa de noche para seguir y reunirme en el mar con el hombre al que deseo. Cuando de pronto, en el preciso instante de entrar yo en el agua, una  enorme ola escupía a hombre y monstruo. Nos encontramos entonces los tres en las rocas, yo sentada junto a él y enfrente mío ese ser erguido en su asiento: un gran hipopótamo con protuberancias y deformidades en toda su faz que no dejaba de mirarme con ojos de persona sabia. Nunca había visto a un ser tan feo, tan abominable, todo instinto y sin embargo con ojos de agua humanos. En cualquier momento podía reventarnos, pero yo seguía bajo el embrujo de esos ojos que algo querían decirme. Repulsión y atracción, enigma y esfuerzo por entenderme adormecían porque…Yo soy ese monstruo.

Fue éste el despertar de mi hipopótama de agua salada, mi Anciana Maga, que me enseña que ya no tengo por qué apretar dientes, ni acallar voces; que puedo rugir mi originalidad, liberar a mi dentadura de sonrisas complacientes y exhibir colmillos torcidos a quien ose ponerme en peligro.Es un instinto sabio y justo que no cargará sin motivo, que protege y mira con benevolencia a quién bien le quiere.

Después de ese sueño es mucho más fácil conjurar a mi Anciana Maga. Basta, por ejemplo, con percibir en un mismo paseo la conjunción de una buganvilia fucsia, el arrullo de una tórtola, el vuelo cruzado de siluetas negras sobre mi cabeza,y correr a apuntarlo todo en un trocito de papel: “buganvilia en flor, canturreo de tórtola, golondrinas acróbatas, vuelo ciego de murciélagos”. Con la confianza de que dentro de poco podré incluirlo en una buena historia y, así, ir redimiendo a mi hipopótama de su escondite en la garganta más oscura del mar.

Blanca Puignevat
3 de Junio de 2017